DIAMONDS ARE A GIRL’S BEST FRIEND Viernes 16 de mayo de 2008
Como en los cuentos, parece que ya he encontrado a mi príncipe azul: Álvaro. Me ha salvado de las garras del horrible dragón, el impostor Vivancos o doctor Muerte, que cualquiera de los dos apodos le vienen que ni pintaos. Pero ahí estaba mi héroe, mi amor verdadero… viéndoselas para sacarme de esa horrible mazmorra en la que me tenían presa e inconsciente. Como la bella durmiente caí en un profundo sueño, afortunadamente algo más breve que el de la princesa de Disney. Sé que debería estar triste, o al menos ansiosa, por la situación tan desagradable que he vivido, pero mi rescate ha sido tan bonito, tan romántico, que no puedo dejar de pensar en él, en mi amado ex jefe. Me ha despertado con la mejor medicina que podría haberme dado, uno de sus besos. No hay nada más eficaz, más sano, más conveniente que un roce de sus labios para reanimarme, y así se ha demostrado científicamente. Los médicos me han puesto mil goteros, medicamentos, inyecciones… pero lo único que me ha vuelto a la vida ha sido su aliento. Hasta empiezo a hablar como una princesa de cuento.
No puedo quitarme ese momento de la cabeza, incluso he tenido un sueño en el que lo veía vestido de príncipe, con pantalones bombacho y gorro con pluma incluida. Un auténtico galán de sangre azul, devolviéndome el aire que ese villano del impostor Vivancos me arrancó. Si ahora estoy viva es gracias a Álvaro. Y salvarle la vida a alguien es lo máximo que puedes hacer por ella, mucho más que regalarle un diamante. Pero para mí ha sido un premio doble, no sólo el que me haya salvado la vida, sino descubrir que también tengo un diamante. Ese diamante es él. No he conocido a ninguna persona tan valiosa para mí. Mi pequeño tesoro. A veces me gustaría envolverlo y guardarlo en una cajita para que solo yo pudiera verlo, para que solo yo pudiera tocarlo. Me gustaría protegerlo de los arañazos de la vida, arropado en una bolsita de fieltro. No puedo expresar con palabras mi gratitud, había pensado en hacerlo con un gesto. Devolviéndole el beso que el me regaló. Pero, cómo no, nos han interrumpido. Una vez más. Vamos a tener que emigrar a una isla desierta para poder besarnos con tranquilidad, porque cada vez que me juntamos nuestros labios nos salen amigos por todas partes. O enemigos. El Cara Acelga tenía que ser ¿Qué querrá esta vez? Hasta el lunes feonautas.
Una fea con diamante
domingo, 25 de mayo de 2008
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